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Orígenes y desarrollo de la ciencia andalusí
(Segunda Parte)

MEDICINA Y BOTÁNICA

Epigrafías e inscripciones latinas, griegas, etc.
Epigrafías e inscripciones latinas, griegas, etc.

La botánica y la medicina fueron dos disciplinas que avanzaron estrechamente vinculadas. Durante los dos primeros siglos de asentamiento árabe en Hispania, y a falta de un modelo propio, la medicina que se practicaba era la llamada medicina monástica, basada en el modelo hipocrático-galénico, heredada de los visigodos y ejercida por los pobladores ibéricos. No vamos a adentrarnos en la ardua tarea de explicar los pormenores de este sistema, y baste decir que se basaba en la idea griega de considerar que todo lo que existe está afectado por uno de estos cuatro elementos: fuego, tierra, aire y agua. La enfermedad era el resultado de una alteración de los humores corporales, ocasionada por una alteración del equilibrio de estos cuatro elementos fundamentales. Uno de los pasos primeros y más decisivos en el proceso de arabización de la medicina fue la traducción y comprensión de la Materia Médica del filósofo griego Dioscórides (s. I d.C.), obra regalada por el emperador bizantino Constantino VII Porfirogeneta, a ªabderrahmân III (912-961), que sirvió de fundamento farmacológico. Los siguientes avances vinieron del Oriente musulmán. Los peregrinos que viajaban a la Meca aprovechaban su estancia para enriquecer y renovar sus conocimientos; se puso de moda el llamado "viaje de estudios" y los especialistas de prestigio eran llamados a practicar y enseñar en al-Ándalus.

Uno de los primeros casos conocidos de estos viajeros que se formaban en Oriente es el de Îbn Habîb (796-853), que escribió un tratado médico (conservado en Rabat) llamado El libro de la medicina de los árabes (كِتـَابُ الطِبِّ العـَرَب / kitâbu .t-.tibbi l-ªarab). A su regreso trabajó en Córdoba. En su obra se menciona el uso de un anestésico -banÿ- en algunas operaciones quirúrgicas. Podría ser el hachís (حَـشِش / haxîx) o el beleño (سَيْـكُرَـان / saykurân). Entre los rasgos más originales de los tratados andalusíes se halla el uso de varios idiomas en la nomenclatura farmacológica, ya que ponían los nombres de las plantas y los simples también en latín, griego, persa, sirio, etc. Saltando por encima de algunos autores (como Îbn ÿulÿul o Hâmid ibn Samaÿûn) llegamos a uno de los más célebres médicos y cirujanos del Medievo: Abû l-Qâsim Jalaf ibn ªabbâs az-zahrâwî (Abulcasis / m. 1013). Dejó escrita una impresionante enciclopedia llamada Kitâb at-ta.srîf que más tarde fue traducida al hebreo, al latín, etc. No sólo trata todos los ramos de la medicina y detalla todas las propiedades de los preparados, sino que describe las zonas en las que encontrar las plantas y el proceso de elaboración de los fármacos y remedios. Como novedad incluye un tratado cosmético.

La parte quirúrgica de la obra, dividida en tres apartados, deja ver el inmenso avance que había dado la medicina en al-Ándalus en sólo dos siglos, aunque se desarrollara sobre la base de grandes sabios orientales como al-Kindî y ar-Râzî, junto con algunos tratados cristianos (la obra de Pablo de Egina / s. VII). La primera parte de esta sección habla del uso de la cauterización y describe algunas enfermedades, como la hemofilia y la lepra. La segunda habla de operaciones con incisión, amputación, perforación, y menciona el uso de las hormigas negras gigantes como medio de sutura en algunos casos; para coser la herida se usaba la seda, el lino, la lana y el pelo de algunos animales. La tercera parte se ocupa de las fracturas óseas y lesiones de las articulaciones, y menciona una especie de yeso que usaba junto con vendajes y sujecciones para estos procesos.

El s. XI empezó con la extinción del emirato cordobés y la división del territorio en los reinos de taifas, que siguieron protegiendo y fomentando las ciencias. Fueron bastantes los autores y tratados que surgieron en los últimos siglos andalusíes (como Yahyâ ibn Bâÿÿa -Avempace-, Abû .s-.Salt Umayya ibn ªabd al-ªAzîz, Abû l-Walîd Marwân ibn ÿanâh, etc.) y que fueron traducidos al latín y usados en Europa, pero cabe destacar sobre todo una obra importante: el Canon de Abû ªAlî al-Husayn ibn ªabd Allâh ibn Sîna (Avicena). Una especialidad donde destacaron fue la oftalmología, con autores como Alcoati (Sulaymân ibn Hârît -al-Qû.tî) y Muhammad ibn Qassûm ibn Aslam al-Gâfîqî. Tampoco hay que olvidarse del gran Averroes (Abû l-Walîd Muhammad ibn Âhmad ibn Ruxd), cuya obra médica principal fue El libro de las generalidades sobre medicina (كِتـَابُ الكُـلِـّيَاتِ فِي الطِبّ / Kitâbu l-kulliyâti fî .t-.tibb). Entre las novedades que aporta, hay que citar la idea de la autoinmunidad que desarrolla la persona que sufre la viruela. Aunque a los catorce años emigró, hay que recordar al cordobés Maimónides (Mûsà ibn ªAbd Allâh ibn Maymûn) que desarrolló una brillante actividad en Africa.

Como último ejemplo del adelanto que la medicina andalusí llevaba a la europea, cabe citar la aparición a medidados del s. XIV de la peste negra en Almería. La superioridad a la hora de tratar epidemias es indudable. Mientras los especialistas de los reinos cristianos atribuían casi exclusivamente la causa y el poder de la enfermedad a motivos astrológicos, la conjunción de varios planetas -o un eclipse- causaban la corrupción y la putrefacción de la atmósfera, lo médicos andalusíes marginaban estas supersticiones y se basaban en la experiencia directa de sus observaciones. Así recomendaron fumigaciones y desinfectantes, y dieron importancia al aislamiento y a los riesgos de contagio por contacto con ropajes, útiles, etc, y se prohibieron los baños públicos en periodos de epidemia.

PRIMERA PARTE DEL ARTÍCULO: ORÍGENES DE LA CIENCIA ANDALUSÍ

TERCERA PARTE DEL ARTÍCULO: ASTRONOMÍA Y MATEMÁTICAS



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